BYD se detiene en México ante la amenaza arancelaria de Trump
En un giro inesperado que marca una nueva etapa de contención en la inversión extranjera, BYD —uno de los mayores fabricantes de vehículos eléctricos del mundo— ha pausado los planes de construir una planta en México. Esta decisión se desarolla en el marco de un debilitamiento del ambiente geopolítico tras una avalancha de aranceles anunciados por el presidente estadounidense Donald Trump, cuyo impacto reconfigura no solo las cadenas de suministro, sino también la estrategia industrial de América Latina.
Durante los últimos meses, varios medios importantes informaron que BYD había anunciado la paralización o cancelación definitiva de su inversión en México, citando con frecuencia “incertidumbre comercial” y “presión arancelaria” desde Washington. En los medios mexicanos se señala directamente a las amenazas de aranceles de Trump como el desencadenante de la decisión: «Trump ahuyenta a BYD de México» . Por su parte, Bloomberg Línea informó sobre el retraso indefinido del proyecto por las tensiones entre EE.UU, mientras que El Economista hablaba de cancelación total ante la “presión arancelaria Trump”.
La Secretaría de Economía, bajo el mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha subrayado que BYD nunca presentó un proyecto formal, y que las trabas no provinieron de México sino de las condiciones externas.
El fenómeno de nearshoring comenzaba a ganar terreno en México hace semanas, con la expansión de empresas como BMW, Volvo y Mercado Libre. Sin embargo, los aranceles norteamericanos —que incluso alcanzaron hasta el 50 % en acero y aluminio— han generado una ola de revisiones estratégicas. BYD, en particular, se encuentra en el centro de esta tensión, reflejando cómo la retórica proteccionista redefinió la proyección económica del país.

Mientras México observa con cautela, BYD inaugura su primera planta fuera de Asia en Bahía, Brasil, aunque también enfrenta problemas por denuncias laborales. Esto reafirma la flexibilidad de la empresa china para sortear fricciones políticas, aunque suena la alarma para el resto de América Latina: ¿será el sudeste brasileño la nueva alternativa? Según analistas, las desiciones de BYD refuerzan el escenario de que su expansión global se adapta a contextos geopolíticos.
La interrupción del plan de BYD genera un efecto dominó en México: proveedores locales quedan sin contratos, el discurso del nearshoring pierde impulso y la reticencia a invertir se extiende. Como advierte un informe de Bloomberg Línea y The Wall Street Journal, la presión arancelaria de Trump ha llevado a bloquear inversiones de más de 12 000 millones USD y generado 135 000 empleos en México por parte de empresas chinas.
Además, las posibles represalias arancelarias mexicanas y canadienses podrían intensificar un conflicto de alcances mayores, con repercusiones en toda la cadena automotriz de Norteamérica.
La decisión de BYD de cerrar su proyecto industrial en México revela la tensión creciente entre geopolítica y economía. En un escenario donde los aranceles se usan como instrumento de presión, la realidad regional se redefine: la inversión global se escapa de México, se volatiliza la promesa de crecimiento y surge una nueva puja por el liderazgo manufacturero latinoamericano.
¿Es momento de reconocer el verdadero potencial que México tiene como país?
Quizá ha llegado la hora de dejar de depender exclusivamente de la inversión extranjera en la industria automotriz y comenzar a construir una estrategia nacional más resiliente, innovadora y soberana. Las oportunidades están aquí, pero el futuro dependerá de lo que hagamos con ellas.
En México, marcas como Zacua y Vuhl ya están apostando por una industria automotriz propia, con visión, tecnología y talento nacional. El siguiente paso es creer en nosotros mismos, invertir localmente y transformar los desafíos globales en motores de desarrollo interno.